Fue Pablo Francisco Danei, nacido el 3 de enero de 1694 en Ovada, Italia.
Santo - Místico - Misionero - Director de almas. Fundador de la Congregación Pasionista.
La Pasión y Muerte de Cristo ocupan un lugar predominante en su vida. Experimenta desde muy joven las dificultades de la vida.
En 1713, por la predicación de un sacerdote, tiene una vivencia interior de gran importancia para el futuro. Pablo de la Cruz se conmueve ante el desamparo de la gente de Italia del siglo XVIII (no había quien hablara a los sencillos e "ignorantes").
Así nace la idea de formar una congregación que se dedicara a anunciar el Evangelio entre los más humildes. Siente la llamada de Dios "a la soledad, a vestir un hábito negro y sencillo, a ir descalzo, a vivir en la mayor pobreza, a llevar una vida de penitencia", preparando el pan de la palabra, de forma tal que todos pudieran conocer el amor de Dios.
Llevaría una vida activo-contemplativo: un tiempo en el convento, dedicado a la contemplación a los pies del crucificado, y el resto afuera, en el apostolado, anunciando a los demás el mensaje liberador de la cruz.
El fin principal de la congregación son las "Misiones Populares".
Su aprobación pontificia es en 1741. Es muy riguroso y exigente consigo mismo, pero muy suave, considerado, tierno y paternal para con los demás.
Da gran importancia a la vida de recogimiento, oración y silencio, gracias a esto pudo ser también hombre de acción. Contemplación y acción no eran para él algo contrapuesto, sino dos polos de una misma y sola realidad.
Durante su larga vida, dirige a cientos de personas, ofreciéndoles el pan sabroso de las propias experiencias.
Muere el 18 de octubre de 1775.¿Qué dice Pablo de la Cruz? / Por profundo que caiga, el hombre caerá siempre en los brazos abiertos de Dios.
"Yo quisiera que caminase en plena confianza en Dios, abandonado totalmente en Él y descansando en los brazos del Padre. En servicio, con alegría".
La Pasión de Jesús, "maravilla de las maravillas del Amor de Dios".
La meditación de la Pasión hace al hombre más sensible al dolor ajeno, más solidarios con los que sufren, con los marginados, con los que son víctimas de la injusticia.
El encuentro con Cristo crucificado nos lleva al encuentro con el prójimo.
Meditar en la pasión de Jesús "sumergirse en su infinito Amor revelado en la Pasión".
El hombre encuentra su propio yo cuando lo busca en Dios, o cuando sumerge su nada en el TODO de Dios.